lunes, 20 de abril de 2009

Ausencia

No teníamos una relación estrecha. A veces coincidíamos tomado copas y hablábamos de cine o literatura. Un día, sin venir a cuento, me confesó que no sabía quiénes eran sus verdaderos padres, que era adoptado. Lo dijo sin mucho énfasis, como si una garra le apresase los pulmones. Estábamos en un bar, había pocos clientes, yo guardé silencio. ¿Sabes qué es lo peor?, me comentó, lo peor es que a veces sueño que lo soy, que soy un niño adoptado, y luego me despierto.

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